De poder hacer una lista de las mejores películas de animación, definitivamente las dos que recomiendo hoy estarían presentes: La tumba de las luciérnagas, dirigida por Isao Takahata y Mi vecino Totoro de Hayao Miyazaki; ambas estrenadas en 1988, gracias a un acuerdo conjunto de ambos directores y productores de la misma casa cinematográfica, los estudios Ghibli; productora de otras geniales cintas como Pompoko, El viaje de Chihiro y El castillo ambulante. Estas películas tienen como punto en común la historia de dos hermanos que, por distintos motivos, deben de estar lejos de sus padres y, confiando en la esperanza de su retorno, deben de enfrentarse a los distintos avatares que la vida les presenta a su corta edad. En La tumba de las luciérnagas nos acercamos a un Japón que sufre los bombardeos norteamericanos durante la Segunda Guerra Mundial. Entre las ruinas que quedan de la ciudad de Kobe, Seita de 14 años y Setsuko de apenas 6, tratan de sobrevivir -primero donde sus tíos que no les agradan y luego en un abandonado refugio aéreo- buscando comida, vendiendo sus últimas pertenencias y construyendo pequeñas aventuras que los hacían olvidar por algunos momentos el sufrimiento que padecen. De más está decir que la carga dramática de esta cinta aparece desde el inicio, acompañada por recuerdos dolorosos y flashbacks que reflejan los momentos más crudos de la guerra. Por otro lado, en Mi vecino Totoro se recrea al Japón de la posguerra, donde las pequeñas hermanas Mei y Satsuki -quienes tienen a su madre enferma en el hospital y a su padre que trabaja la mayor parte del tiempo- se acaban de mudar a un pequeño pueblo ubicado muy cerca a un bosque de árboles enormes y frondosos. Mientras que estas niñas disfrutan la aventura de habitar un nuevo hogar, ciertas criaturas fantásticas se van presentando hasta que Mei, en su curiosa persecusión de los duendes del polvo, descubre al espíritu del bosque, Totoro, con quien inicia un viaje alucinante por todo el lugar; lo que hace la espera de la recuperación de su madre un proceso menos doloroso. Además de la capacidad de los creadores para poder expresar tantas y tan distintas emociones a través de sus protagonistas, la banda sonora que acompaña a las dos cintas produce un mayor estremecimiento ante el impactante desarrollo de las historias. Sin más información que dar para no caer en el malestar de spoilear, recomiendo que hoy vean estas dos geniales obras de arte del cine contemporáneo. Isao Takahata. Hotaru no haka (La tumba de las luciérnagas), 1988. Link idioma original y subtítulos es castellano: https://www.youtube.com/watch?v=M7HR-Xsq_qw
Hayao Miyazaki. Tonari no Totoro (Mi vecino Totoro), 1988. Link idioma original y subtítulos en castellano: http://www.cultmoviez.info/5615/my-neighbor-totoro-2.html
martes, 28 de abril de 2015
lunes, 27 de abril de 2015
Recomendación literaria: Me llamo Rojo (1998) de Orhan Pamuk
Existe un tipo de novelas cuyos inicios atrapan al lector desde la primera línea, debido a que en pocas palabras dan suficiente información como para que uno se cuestione de inmediato: ¿por qué el personaje está involucrado en esa situación? ¿Cómo va a resolver el problema que tiene por delante? Los preámbulos son dejados de lado: la historia arranca con una crisis épica cuyas posibles soluciones nos van a tener enganchados hasta que la última página nos oprima el corazón con el desenlace menos pensado. De este tipo, recuerdo el inicio de El túnel de Sabato: “Bastará decir que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne; supongo que el proceso está en el recuerdo de todos y que no se necesitan mayores explicaciones sobre mi persona”; o el espectacular comienzo de Crónica de una muerte anunciada del querido Gabo: “El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5:30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obispo”. Que ambas novelas inicien con referencias a asesinatos no es coincidencia. La novela que hoy recomiendo, Me llamo Rojo del Nobel Orhan Pamuk, comienza de una manera igual de espectacular: “Ahora estoy muerto, soy un cadáver en el fondo de un pozo. Hace mucho que exhalé mi último suspiro y que mi corazón se detuvo pero, exceptuando el miserable de mi asesino, nadie sabe lo que me ha ocurrido”. El primer capítulo no solo nos indicará que leamos la novela para saber quién es el asesino y por qué lo mató; sino también para saber qué hay, cómo es y qué se siente en el otro mundo, el de los muertos. Nos ubicamos en el esplendor el Imperio Otomano, durante el siglo XVI, y el Sultán revela una solicitud sin precedentes: desea que los mejores ilustradores e iluminadores de sus extensas tierras armen un libro que el mundo nunca antes haya visto, con imágenes extraordinarias, de contenidos oníricos, de personajes maravillosos y escenas fantásticas; además de retratarlo a él, para inmortalizarse en un lienzo espectacular que el tiempo jamás podría destruir ni la memoria ocultar. Sin embargo, su impresionante petición carga con una pesada transgresión: El islam prohíbe que se erijan figuras para inmortalizarse. Los más deslumbrantes pintores se reúnen cada cierto tiempo en estricto privado para ir mostrándole al Sultán cómo iban avanzado los lienzos, donde los elogios no se reprimían en lo absoluto. El trabajo iba viento en popa hasta que regresamos al inicio de la novela: uno de los pintores es hallado muerto; el secreto empieza a conocerse y la investigación del asesino no tarda en realizarse. En una narración coral, donde cada personaje cuenta su historia de cómo este crimen los ha ido afectando, se enredan los recuerdos tormentosos, los encuentros furtivos, el erotismo artístico, los pecados, los temores religiosos, las dudas de fe y la esperanza en un final apoteósico, digno de una pintura inimaginable.
PAMUK, Orhan. Me llamo Rojo. México, Santillana Ediciones Generales, 2008.
PAMUK, Orhan. Me llamo Rojo. México, Santillana Ediciones Generales, 2008.
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